Hay procesos de salud que no terminan después de un diagnóstico o una hospitalización. Para muchas personas, la recuperación implica meses –e incluso años– de terapias, adaptación y acompañamiento familiar. En ese camino, el desgaste emocional, la dependencia y el aislamiento suelen convertirse también en parte de la experiencia.
Con esa realidad como punto de partida, la Clínica de Rehabilitación Docente Asistencial de la Universidad de La Frontera realizó su primer encuentro comunitario, reuniendo a usuarios, cuidadores y familiares vinculados a procesos de rehabilitación física, fonoaudiológica y de terapia ocupacional. La finalidad fue compartir experiencias y visibilizar necesidades comunes que atraviesan quienes atraviesan estos procesos.
La actividad fue organizada como un diagnóstico participativo por un equipo de la clínica, perteneciente al Departamento de Ciencias de la Rehabilitación UFRO. Según explicó Vitalia Reyes, terapeuta ocupacional y académica de la universidad, el objetivo fue generar un espacio de escucha y construcción conjunta.
“Identificar cuáles son las necesidades de las personas e intentar compartir, escucharnos y visualizar posibles soluciones frente a estas necesidades”, señaló la académica sobre la motivación detrás de la iniciativa.
Encontrarse en experiencias comunes
Para Roxana Cares, madre de Felipe, usuario de la clínica, el encuentro permitió reconocer experiencias que suelen vivirse de manera individual, pero que comparten dificultades similares.
“Pudimos construir juntos, levantar necesidades, fortalezas e identificar aquello que está dificultando nuestros procesos de rehabilitación”, comentó. Además, destacó el ambiente generado durante la jornada y la posibilidad de conversar abiertamente con otras personas que atraviesan situaciones parecidas.
La vida más allá de la terapia
Más allá del acompañamiento clínico, una de las reflexiones que surgió durante la actividad fue la necesidad de ampliar la mirada sobre la rehabilitación y fortalecer la participación social de quienes viven estos procesos.
“No quedarnos solamente en el mundo de las terapias, sino también seguir abriéndonos hacia la sociedad”, planteó Waltraud Püschel, usuaria de la clínica, quien además valoró la posibilidad de encontrar preocupaciones y necesidades compartidas entre las familias participantes.
El encuentro no terminará en esta primera conversación. Durante el segundo semestre se implementará un piloto de rehabilitación comunitaria interprofesional, con miras a consolidar en 2027 una línea de trabajo permanente construida junto a la comunidad.
La actividad fue gratuita y abierta, y marca un cambio en la forma de entender los procesos de rehabilitación, incorporando no solo el tratamiento clínico, sino también la experiencia cotidiana de quienes los viven y acompañan.
















